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Cinco años de
existencia como organización ecuménica al servicio de la capacidad
transformadora de los distintos actores que promueven la justicia, la paz y la
solidaridad como valores del Reino de Dios.
Afirmamos
nuestra gratitud al Dios Creador por permitirnos realizar nuestra tarea con el
acompañamiento y compromiso de todos y todas ustedes.
Celebramos este aniversario para fortalecer nuestras esperanzas y sueños
comunes de que otro mundo es posible.
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Celebración |
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Mensaje |
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El reino de los cielos es semejante al grano
de mostaza, La Obispo Nelly Ritchie comenzó recordando que recientemente había fallecido, a los 95 años de edad, Rosa Lee Parker, la mujer que con su actitud de decir “no” a una ordenanza discriminatoria que debía acatar en el bus en que viajaba (darle el asiento a un blanco), encendió una chispa que se llevó a movilizar a los luchadores por los derechos civiles de su país (EEUU). Y nos recordó que hoy en día en muchos lugares del mundo hay gente que sigue diciendo “no” a la injusticia, a la guerra, al racismo, a la violencia, a la falta de oportunidades. Y decir que no a todo eso es decir que “sí” a lo contrario: al trabajo, a la educación, a la salud, a la justicia y a la paz. Justamente el episodio de Rosa Lee Parker, nos recuerda –continuó agregando la Obispa Nelly Ritchie- que no sólo se trata de la pequeñez de una mujer sino del contexto y las circunstancias en los cuales se desenvuelve la acción. A igual que las parábolas de la levadura y el grano de mostaza, son los factores que concurren en un contexto dado que permiten también que la levadura laude y el grano se convierta en árbol. Asimismo –remarcó- Creas es también como uno de esos factores junto con otros, que favorecen transformaciones en los diversos contextos donde los grupos, las entidades y las iglesias desenvuelven sus acciones. Luego la Obispa Ritchie compartió de manera muy pedagógica un cuento del monje M. Menapace (“El zorzal y las antenas”) que habla del recuerdo por una pequeña ave, la cual vivía en libertad en su pueblo, y que dice así: Cuando uno parte, debe saber que jamás volverá a encontrar las cosas tal cual como las dejó. Porque aquello de lo que uno se despide continúa viviendo. La evolución y el crecimiento suceden tanto para el que parte, como para los que se quedan. Que no te dé pena. Es la ley de la vida. Nadie puede regresar a la primavera del pasado. Sólo el que avanza puede reencontrarse con las primaveras, aquellas que también avanzan hacia nosotros. Diría que sólo la vida permite el reencuentro. Cada tanto retorno a Avellaneda. A la del norte. Aquella que el nono gringo soñó cuando dejaba su Italia ancestral, y aceptaba como terruño para sus hijos la tierra de los zorzales y los guazunchos. Fue en enero de este año, en el mes en que el Paraná asolaba el litoral, y la sequía quemaba lo que la inundación no destruía. Porque así es nuestro norte, tierra de contrastes, a veces violentos. Igual que la juventud. Territorio fecundo con mucho de nostalgia y bastante de ansiedad. Profundo deseo de comunicación, y honda sensación de soledad. Algo así como si la historia cinchara para adelante, y la geografía tironeara para atrás. Cada vez que regreso a Avellaneda constato el brotar pujante de las antenas. Casi de cada morada humana se levanta la mano abierta de una antena de televisión, buscando atrapar la realidad novedosa que nos comunica y nos masifica a la vez. Es la ley de la vida. Necesidad de crecimiento. Quizás fuera por eso que aquel zorzalito me impactó tanto. Su canto llenaba todo el barrio en la madrugada caliente. Desde el camping, frente a mi casa, hasta la misma Iglesia, su canto limpio aleteaba sobre la confusa mezcla de otros ruidos. Lo busqué rastrillando con la mirada los árboles chicos y grandes. Y finalmente lo descubrí parado en la parrilla de una antena. Pequeñito, allá en la altura, su voz joven y telúrica anunciaba algo distinto y quizás más auténtico que todos los programas de televisión. Desde la misma antena, también proclamaba ingenuamente sus ganas de vivir y su necesidad de amar. Era un canto sano, que le nacía de adentro. Sólo que, para captarlo, no bastaba con conectar un aparato. Era preciso encender un corazón. A partir de Avellaneda me traje dos temores y una esperanza. Temor de que me lo silencien de un gomerazo, o de que lo sobornen con alpiste para que cante desde una jaula. La esperanza la convierto cada día en oración: ¡Señor Dios: que mi zorzalito norteño no se muera nunca! Me interesa vivamente el proceso que están realizando los jóvenes del norte. Su integración es cada día mas fuerte para con el resto del país a través de sus estudios terciarios y de capacitación profesional. Muchos de ellos, como yo, buscan en las aulas del sur una ampliación de sus horizontes. Pero es fundamental para la identidad de nuestra zona que no se nos muera nunca dentro del alma, y por sobre las antenas de nuestra inteligencia, el canto limpio de nuestros zorzales terruñeros. ¡Cuidado con el gomerazo!… aunque le tengo más miedo al alpiste. La Obispa Nelly Ritchie retomó su mensaje expresando que el monje Menapace dice “temerle más al alpiste”. La alusión al riesgo de caer vencidos o de sucumbir a la tentación de hacer lo fácil, es lo que enfrentamos a diario en el camino de cumplir con las tareas propuestas, de llevar adelante las acciones que hemos pensado para la libertad y el crecimiento de todos y todas. Por ello, damos gracias a Dios por el trabajo de Creas junto a tantos grupos y organizaciones en América Latina, que nos permite continuar construyendo la esperanza y mantenernos en pie con la dignidad y la justicia!. [1] Obispa de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina |
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Saludos recibidos |
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Camacuá 238 -1406
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